
Llegando ya al fin del 2021 (o como nos gusta llamarlo: 2020bis) empiezan a aparecer los propósitos para el año que viene, las llamadas resoluciones de año nuevo.
Cuando era chica hacía listas de metas que quería cumplir el año entrante. No sé bien en qué momento dejé de hacerlo, pero sí sé por qué dejé de hacerlo: nunca las terminaba cumpliendo, y eso era frustrante. Tengo algunas hipótesis acerca de por qué no funcionaba mi lista de control (digo, mi lista de metas 🙄). Les transmito las que en este momento me resultan más importantes:
1️⃣ Empezaba el año, y yo establecía la meta que quería, pero JAMÁS clarificaba cuál iba a ser el proceso para llegar a esa meta (cuáles eran los hábitos que iba a tener que cultivar). Y cuando sucede eso, cuando nos centramos en resultados, generalmente pensamos en hacer lo que más efecto dé a corto plazo. Pensamos en lo que resultaría más eficaz, sin tener en cuenta que probablemente no lo podamos sostener.
2️⃣ No tenía del todo (ni de la nada) claro por qué esas metas eran importantes para mí. Muchas tenían que ver con mandatos sociales, muchas estaban relacionadas a querer salir de mi malestar del momento, pero no necesariamente tenían que ver con cosas que realmente quería para mi vida.
💡 Si solés pensar en términos de metas/resultados y no te funciona, te invito a que este año pruebes algo distinto. Veamos qué pasa si cambiamos la pregunta, si nos movemos de «¿qué quiero lograr este año?» a «¿qué cosas quiero que estén presentes en mi vida durante este año?». Esa última pregunta nos puede llevar a pensar cómo queremos vivir (más que qué queremos conseguir), y clarificar qué tipo de acciones tendríamos que llevar a cabo para tener al menos un poquito de esas cosas que queremos en nuestra vida.
Hasta la próxima!


