Acerca de la zona de confort

Siempre me molestó el concepto “zona de confort” (¿no será que últimamente le molesta todo, mujer?). Creo que es porque generalmente se usa de forma imperativa y no nos suele decir nada, por ejemplo: “vos lo que tenés que hacer es salir de tu zona de confort”. Y sí, qué fácil que es decirlo, Claudia, has sabido iluminarme. De paso, aunque esta aclaración pueda parecer obvia, no hay ningún lugar de cual salir, porque no es una zona real.

Dicho esto, como es un concepto que se suele escuchar bastante en las redes quisiera ver si podemos darle una vueltita y que vayamos un poco más allá del “si estás en tu zona de confort nunca vas a progresar”.

Quiero jugar un poco a traducir “estar en la zona de confort”, y pensé en que podríamos hablar de un patrón en el cual no hacemos ciertas cosas que queremos hacer, por no estar dispuestas/os a estar en presencia de algunas emociones displacenteras, o pensamientos que nos dificultan tomar acción.

Entonces, la zona de confort queda como ese espacio en el cual lo que estamos haciendo no nos produce un nivel de displacer tal como para salir corriendo. ¿Pero qué se pierde ahí? Que tal vez detrás de esas emociones hay algo importante, algo que queremos para nuestra vida, algo que nos encantaría hacer, pero que en este momento suena tan difícil hacerlo que quedarnos tapados en la cama pareciendo un pastelito de canela suena como una mejor idea.

¿Les pasa que cuando leen cosas sobre la zona de confort sienten que básicamente salir de ahí sería tirarse al vacío? Yo creo que podríamos pensar una perspectiva en la que no hace falta que el cambio sea tan drástico, porque pensar en esos términos hace que muchas veces directamente anulemos la posibilidad de hacer ciertas cosas, porque ¿quién querría tirarse al vacío? Entonces se me ocurre que una linda aproximación podría ser empezar a jugar con los bordes de la zona. Es decir, jugar con aquel borde en el que cuando pensamos en acercarnos nos da calorcito en el pecho, pero que decimos “mh, podría hacerlo igual”. ¿A qué voy con esto? A que podemos ir explorando cosas que vayan en el sentido de las cosas que queremos hacer, de manera gradual, de a poco. ¿Qué estoy dispuesto a hacer HOY en la dirección de eso que quiero hacer? ¿Estoy dispuesto a hacerlo en presencia de emociones difíciles porque me acerca a algo importante? ¿Y cuál sería el próximo paso? En algún momento, acción tras acción, tal vez esos bordes se empiecen a difuminar un poco, y el tránsito entre la zona de confort y lo que querés se sienta más posible.

Por último, me gustaría transmitir que “salir” de la «zona de confort» (conceptos populares ameritan exceso de comillas) no es algo que TENGAMOS que hacer, es algo que podemos ELEGIR hacer, si detrás de eso hay algo importante para nosotros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *