No soy un robot

Hace muchos años una amiga me dijo que no le gustaba sostener rutinas porque no era un robot, y sentía que ya el hecho de hablar de una rutina le sacaba libertad.

A mí, como buena robotina que soy, se me quedaron bastante grabadas esas palabras. Hoy le argumentaría que R2D2 era un robot y que su vida no era rutinaria. De hecho, salir en una misión para llevarle los planos de la Estrella de la muerte a Obi-Wan Kenobi no me parece muy rutinario. ¿Es esto una excusa para no escribir y hablar de Star Wars? Eso pensaba mientras lo Leia (acepto insultos por ese chiste).

De todas formas, entiendo a qué se refería mi amiga. Creo que muchas veces la palabra rutina se asocia a algo aburrido, a estructura, y sí, a algo más robótico. ¿No han escuchado a alguien decir “la rutina me sofoca”? Pero no hablando de una rutina en particular, sino simplemente de LA rutina. El asunto es que trabajar todos los días 9 horas en una oficina puede ser una rutina que me sofoque, mientras que desayunar todas las mañanas puede ser una rutina que me guste (oh, y cómo me gusta). Por eso, como siempre, hablar de ciertos términos sin especificar qué conductas están involucradas, puede ser un problema. Si compro y sostengo a regañadientes la idea de que la rutina es mala, fush, caca, puede pasar que evite ciertas actividades que puedan ser importantes, por el simple hecho de que suena rutinario (y yo no soy un robot).

Así que hoy, más que hablar de robots, quisiera hablar acerca de cómo a veces contar con ciertos hábitos puede hacer que la vida se sienta un poco más fácil, y que -contrario a lo que pensamos- podamos experimentar más libertad.

Me gustaría ir con algunos ejemplos:

👉​ Si no tenemos hábitos de planificación respecto a nuestra alimentación, podemos terminar comiendo siempre lo mismo (básicamente, “lo que hay”). Lo curioso es que comer fideos todos los días suena aburrido, y una rutina en la que, por ejemplo, todos los domingos pensamos el menú de la semana, puede hacer que podamos comer con variedad, probar nuevos sabores, elegir con más libertad cómo quisiéramos alimentarnos.

👉​ La idea de registrar todos nuestros gastos e ingresos puede sonar en principio robótica, pero tener mejor gestión de nuestras finanzas puede permitirnos vivir de una manera más acorde a lo que queremos, o acceder a cosas que no sabíamos que podíamos acceder.

👉​ En otra ocasión les he contado que para mí tener una rutina de ejercicios es el vehículo para poder seguir haciendo las cosas que me gustan en un futuro. En otras palabras, experimentar más libertad de movimiento en unos años, poder seguir viendo a mis amigos y poder viajar por el mundo sin tanto dolor de cadera cuando tenga 80 años (mi vida y sus sueños de monotributista).

Estos son algunos ejemplos que, si bien no son universales, pueden ilustrar que a veces las rutinas pueden tener el efecto contrario a convertirnos en un robot: pueden darnos libertad para vivir la vida como queremos. La invitación es a pensar si hay algo chiquito que puedas hacer en tu día a día, que a la larga te acerque a algo que querés.

Hasta la próxima!

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