Lo posible cabe en una lata de arvejas

Hace un tiempo me estoy preparando frecuentemente un humus de arvejas. La preparación es sencilla, consiste en procesar arvejas con aceite de oliva, especias, un poquito de limón, y no mucho más. Sale muy bien, acompañado de tostadas y algún tomatito arriba es una delicia. Dicho esto, tengo un truquito que no sé si dárselos, porque la experiencia me dice que si se tentaron con la primera versión, se van a tentar más con este tip, y A LA VEZ es lo que va a hacer que no lo hagan. Lo voy a compartir no porque disfrute de la maldad, sino porque me va a servir para ilustrar un punto (y en el peor de los casos, no comerán humus de arvejas, una tragedia que al menos yo estoy dispuesta a atravesar): para que el humus me salga bien lisito, cremoso y con una textura increíble, pelo una por una cada arveja antes de procesar. Agarro la lata (al primero que me diga algo acerca de usar arvejas de lata le revoleo un zapato virtual), un colador de malla chiquita, y voy pelando ARVEJA POR ARVEJA, hasta terminar con todas.

Yo les estoy contando acá cuál es mi versión IDEAL, y estoy segura de que habiendo dicho que sale “lisito, cremoso y con una textura increíble” quieran hacerlo ustedes así también. Pero les voy a agregar un par de datos más: 1) yo estoy acostumbrada a pasar tiempo en la cocina, 2) me gusta mucho cocinar y tocar verduras (la que estaba conectada con el cOsMoOos), 3) disfruto las actividades repetitivas, lo que para la mayoría puede ser de un aburrimiento absoluto, a mí me da muchísima paz (recuerdo con mucho cariño un breve trabajo que tuve hace tiempo, en el que tenía que llenar una por una cieeentos de botellitas con una esencia. La premisa es: ¿no tiene demanda cognitiva? DAME.

Todas las condiciones están dadas para que yo pele arveja por arveja sin ningún tipo de costo (ni de aburrimiento, ni de tedio, ni de irritabilidad, nada), y que encima obtenga los beneficios de hacerlo. Ahora: yo sé que le sugiero esta tarea a varias personas que conozco y voy a recibir quizás 2 arvejas peladas y 98 miradas de odio. Y es por ese motivo que no le insistiría con este procedimiento robótico a nadie: menos a alguien que no esté acostumbrado a cocinar, a hacer cosas con las manos, a personas que no tengan ni un minuto libre, ni a nadie que haya levantado demasiado las cejas al leer cuando dije “ARVEJA POR ARVEJA”. ¿Por qué? Porque si yo les sugiero esa tarea, es muy probable que no hagan la receta, justamente por anticipar todos los costos que probablemente les traiga. A la vez, al haber presentado el pelar arveja por arveja como la versión IDEAL, va a haber una gran parte que incluso ni quiera hacer la versión POSIBLE (que sería hacerla básicamente como relaté la receta en un principio, que incluso dije que salía muy bien).

Después de 500 palabras hablando sobre arvejas, creo que es momento de hablar sobre hábitos. Lamentablemente estamos plagados de versiones ideales de absolutamente todos los hábitos que probablemente queramos desarrollar. No me canso de escuchar personas semana tras semana que vienen a consulta por querer empezar a moverse más después de no haber hecho ejercicio hace muchísimos años, y al proponer un esquema realizable y de acuerdo a sus preferencias me dicen que está bien, pero que faltaría entrenamiento de fuerza. Y puede ser que sea cierto, no lo sé, no soy entrenadora física ni médica, pero soy psicóloga y sí sé que ese ideal está haciendo que justamente la conducta no pueda ni acercarse a lo posible. Cuando nos presentan ideales, parece que lo posible no basta, que no tiene sentido, que no es válido. Y realmente me pregunto qué pasaría con muchos de nuestros hábitos, y qué pasaría con nuestra calidad de vida, si nos permitiéramos al menos empezar con versiones posibles, chiquitas, realizables. Si yo quiero empezar a incorporar más verduras y comer un poco más sano, un untable de arvejas que puedo hacer en un minuto es una estrategia fantástica. Si quiero empezar a moverme después de mucho tiempo, mi cuerpo va a agradecer cualquier movimiento que le dé. Quizás nuestra mente sepa mucho de ideales, pero nos olvidamos que a nuestros cuerpos les va a venir muy bien muchos de los posibles que ni nos permitimos hacer. Y eventualmente, si queremos, si el cuerpo lo pide y si nos vendría bien, podemos ir sumando, probando cosas nuevas, cambiando frecuencia, intensidad. Ir paso a paso puede ser mejor que quedarnos quietos para evitar un arveja por arveja.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *