Comparación y redes sociales

Hace unos días hice algunas historias hablando por Instagram. En las historias usé un filtro que, si bien no me modificaba los rasgos, me alisaba la cara, me sacaba las ojeras, los granitos, las manchas de alergia que tenía en el pecho. No fue intencional, simplemente empecé a grabar, estaban los filtros ahí, me vi más linda y los usé. El asunto es que más tarde, mientras caminaba en la calle, me asaltó un pensamiento culposo que decía algo como: “solés hablar mucho acerca de autoestima, autocompasión, comparación, y acá la pifiaste”. Elegí ser compasiva conmigo y recordar que yo también soy parte de la raza humana (es notable la cantidad de veces por día que tengo que recordarme eso), que yo también lidio con mi imagen corporal, y que sobre todo también lidio con el hecho de compararme en las redes sociales.
Por eso decidí escribir esto: para que tengamos algunas ideas y un caminito de acción para saber qué hacer cuando esto nos afecta. 

Observá
En general, la comparación se da de manera automática, así que te sugiero que al menos por unos días, a modo de experimento, te propongas estar muy atenta/o cada vez que abrís Instagram para notar si al ver algunas fotos aparecen pensamientos difíciles asociados a comparación. 

Los extraños de pelo largo y más lindo que el mío
Hay un estudio que dice que seguir extraños en redes sociales puede hacer que se refuercen ciertas ideas difíciles que tenemos sobre nosotros mismos, provocando que nos comparemos negativamente con otras personas (1). Como me resultó interesante, estuve en los últimos días prestando especial atención a los contenidos que suben mis amigas/os. En la mayoría de los casos todos suben cosas valoradas socialmente: salidas con amigos, selfies con filtro, viajes, elogios a sus profesiones, fotos con pareja, con la familia, fotos entrenando, foto en culo, foto con el abuelo, foto en culo del abuelo. Y el asunto es: es muy raro que yo experimente emociones difíciles al ver todos esos contenidos. Porque yo conozco con lo que lidian, yo conozco que la foto en pareja con aires de perfecta no es perfecta. Yo conozco la pelea que hubo después de sacar esa foto en la reunión familiar. No voy a decir que yo conozco el culo del abuelo, pero sí que recibo por WhatsApp la foto sin ningún tipo de filtro acompañada con un “se me llenó la cara de granos”. Yo sé, porque conozco gran parte de la historia, que las cosas que suben mis amigos a Instagram es solo una partecita muy chiquita de lo que ellos son. Por suerte.
¿Pero qué sucede? Ya no estamos en 2008, ya no usamos las redes sociales para comunicarnos con nuestros amigos y mandarles toques por Facebook. Ahora seguimos la vida de gente que no conocemos. La seguimos muy de cerca, nos identificamos con lo que cuentan, a veces nos emocionamos con sus logros, nos enojamos si experimentan algo injusto. Y esto está bien, es una herramienta que a veces nos permite conocer otras culturas, otras formas de pensar, otros contextos, otras historias. Pero esas historias son solo una parte muy chiquita de lo que es un ser humano. El punto es que, siguiendo extraños en Instagram, no sabemos qué es lo que rodea a la narrativa que cuentan.
Entonces, una cosa para hacer si pasar tiempo en Instagram te produce mucho malestar es chequear a cuánta gente desconocida estás siguiendo, y hacer una selección. “¿Qué me aporta esta persona?” puede ser una linda pregunta guía. Si la respuesta es “nada” o “malestar por compararme”, tal vez sea una buena idea prestar especial atención a los pensamientos de comparación que puedan surgir cada vez que veas su Instagram, o evaluar dejar de seguirla.

Te vas a comparar
El ítem anterior es una forma de reducir malestar innecesario, pero algo a saber es que nunca nos vamos a librar de las comparaciones. Funcionamos así. A pesar de todos los intentos de lucha, van a estar.
Así que, si ya estás en modo “observar”, y podés detectar que te estás comparando, intentá etiquetar ese pensamiento: “acá está de nuevo otro pensamiento que me dice que yo no soy lo suficientemente exitosa”. Podés tener ese pensamiento sin engancharte con él, sin hacer nada para solucionarlo, sin repasar todos los errores que pudiste haber cometido en tu vida. Simplemente notar que esto es lo que las mentes hacen, y que, si bien causa malestar, un pensamiento es solo un pensamiento. Es tu mente relacionando arbitrariamente algo que vio en una red social con algo que tiene que ver con tu historia.

Sé amable con vos
Acá te dejo una pregunta. Si yo te digo: “los pensamientos de comparación van a aparecer a lo largo de toda tu vida”, ¿cómo te gustaría atravesarlos?
¿Te gustaría mirar 10 años al futuro y verte diciéndote cosas como “al final nunca hacés nada bien”? Duele imaginarse eso, ¿no?
Es importante que sepas que existe la alternativa de verte tratándote con más cariño, diciéndote cosas como “estoy haciendo lo que puedo, ¿hay algo que esté bajo mi control que pueda hacer si la vida que estoy teniendo no me gusta?”.

El lado luminoso de la comparación
No toda comparación es mala. La comparación puede estar dándonos información acerca de cosas que querríamos que estuvieran en nuestra vida, y funcionar como un motivador. A mí me pasa, por ejemplo, cuando veo gente que le está dedicando mucho tiempo a la lectura. Automáticamente mi mente empieza: “vos no estás leyendo tanto como esa persona”. Y si le saco el tono juicioso, muchas veces noto que estoy desconectada de una actividad que me gusta mucho hacer, y eso me permite hacer un plan para llevar a cabo la actividad más frecuentemente.
Pero eso sí: la clave acá es que tu mente no necesariamente va a formular la comparación en términos amorosos. Es nuestro trabajo notarlo, e intentar abordarlo desde una perspectiva más amable y compasiva.

Espero que esto te haya servido, o que al menos te haya hecho sentir acompañada/o. Estamos todos en el mismo barco, y a veces lo mejor que podemos hacer es soltar los remos -al menos un ratito- y observar hacia dónde estamos navegando.
Hasta la próxima!

Referencias:
(1) Lup, K., Trub, L., & Rosenthal, L. (2015). Instagram #Instasad?: Exploring Associations Among Instagram Use, Depressive Symptoms, Negative Social Comparison, and Strangers Followed. Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, 18(5), 247–252.

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