
Traigo malas noticias: el tiempo es un recurso limitado. Oh, qué novedad, qué primicia, qué tremendo descubrimiento.
Estoy haciendo ejercicio, y debería estar haciendo otra cosa. Estoy viendo una serie, y debería estar haciendo otra cosa. Estoy cocinando, y debería estar haciendo otra cosa. Estoy trabajando, y debería estar trabajando en otra cosa.
La realidad es que siempre podríamos estar haciendo otra cosa, siempre podríamos estar haciendo algo distinto a lo que estamos haciendo.
La sensación de que no nos alcanzan las horas del día para hacer todo lo que tenemos/queremos hacer puede traer malestar. Y creo que luchar contra esa sensación puede ser un problema, porque a veces nos lleva a querer mejorar nuestra productividad, a meter más y más actividades en un día, mientras nos culpamos por no estar haciendo lo suficiente. Si eso te pasa, te invito a preguntarte: ¿es un problema de organización? ¿O es una lucha contra el tiempo?
Tal vez una alternativa sea aceptar que rara vez -y solo porque no me gusta ser categórica- vamos a poder hacer todo, que el día tiene horas limitadas, y a veces no vamos a poder dedicarle todo el tiempo que querríamos a cada cosa.
Tal vez decidiste jugar con tus hijes, y eso implicó que no adelantaras todo el trabajo como te hubiera gustado. Tal vez adelantaste trabajo, y eso implicó que no hicieras ejercicio como hubieras querido. Tal vez hiciste ejercicio, y eso implicó que no limpiaras toda la casa como hubieras deseado. Y está bien. En una vida en la que el tiempo es un recurso limitado, tenemos que elegir; y elegir implica que necesariamente algunas opciones van a quedar afuera. Por eso es tan importante identificar cuáles son aquellas actividades que son valiosas para nosotres (¡y tampoco vamos a poder hacerlas todas a la vez!), simplemente para elegir mejor a qué le vamos a dedicar nuestro tiempo.
Si podemos ver al pensamiento “debería estar haciendo otra cosa” como producto de ciertas reglas sociales y cierto estilo de vida que nos llevan a tener que hacer cada vez más y más para alcanzar esa ilusión de éxito, tal vez podamos responder a él con un “sí, pero ahora estoy haciendo ESTO”, y volver a dirigir nuestra atención hacia la actividad que efectivamente elegimos, porque en ese momento se sentía importante.


