
La coreografía suele darse más o menos de la siguiente manera: alguien me cuenta con actitud derrotista que hizo algo mal -> investigo un poco más -> veo que también hizo muchísimas cosas que quería -> le digo “Che, ¿pero y todo esto? -> me dice “Tenés razón. ¿Ves como soy? Yo siempre hago foco en lo negativo”. Entonces pasamos del malestar de no haber hecho algo que hubiera querido hacer (o de hacer algo que no hubiera querido hacer), al malestar de Y ENCIMA SIEMPRE PONGO EL FOCO EN LO MALO.
Y ahí es cuando se golpean el codo. También ahí es cuando pienso: “deberías, por favor, encontrar alguna forma distinta de transmitir esto que querés decir”.
Voy a partir del malestar que se genera a raíz del “siempre hago foco en lo negativo”, como si fuera una falla del sistema. En otras palabras, podría escucharse como: “si yo estuviera bien, naturalmente pondría foco en todos los aspectos lindos de mi vida y los malos no me afectarían en absoluto, porque podría ver que es simplemente un yuyito hediondo dentro de un jardín de flores hermoso. Y como yo estoy viendo el yuyito hediondo, no estoy bien”. Una narrativa que cierra bárbaro.
Vamos con los siguientes pasos en la coreografía: “¿podrías por favor golpearte el codo con la mesa?” (ningún codo fue dañado en la realización de este ejemplo) -> PUM -> cara de desconcierto -> “¿habías estado pensando hoy en tu codo hasta este momento?” -> “no”.
Tiene sentido que el foco se mueva al codo: hay algo que duele. Con nuestros pensamientos a veces pasa lo mismo. Cuando hay algo importante para nosotros que fue o puede ser dañado, el foco se mueve para ese lado. Tenemos una linda maquinita de supervivencia programada para detectar amenazas. Se enciende una alarma, y de repente hay algo a lo cual estaría bien prestarle atención. Y de hecho, ¿por qué no hacerlo? Muchas veces el malestar viene a mostrarnos que algo valioso para nosotros está en peligro. Ahora, que duela no significa que tenga que ocupar toda nuestra atención, muchas veces quedarnos solamente ahí implica que necesariamente nos vamos a estar alejando de otras cosas que también son importantes.
Algo bueno que tenemos los humanos es que no solo tenemos un modo automático, sino que siempre podemos activar el modo manual. Es decir, notar que nuestro foco está puesto solamente en una cosa, observar qué efectos tiene, y -con práctica- poder moverlo a otros aspectos de la experiencia.
A veces queremos que las cosas buenas, lindas, saludables nos salgan completamente automáticas. Pero eso no siempre sucede, y está bien: el modo automático a veces nos muestra que algo duele y que podríamos ocuparnos de ello. Es igualmente válido activar el modo manual para que puedas tomar perspectiva, decidir si vale la pena hacerlo, y si es así, desde qué lugar querés hacerlo.


