¿Qué preferís?

Abro debate: ¿qué preferís? ¿Un pico de malestar que dure poco, o malestar menos intenso (pero malestar al fin) sostenido en el tiempo? No vale contestar “ninguno”, que ya les conozco a ustedes.

Si bien esta pregunta puede llevarse a muchísimos ámbitos, hoy la voy a llevar al cambio de hábitos (por el simple hecho de que esta página no se llama proyecto.muchísimosambitos).

En muchas ocasiones, cuando decimos “no estoy pudiendo cambiar tal hábito”, puede estar ocurriendo que no podamos lidiar con el malestar que nos genera comenzar a hacer la actividad. Por malestar en este caso me refiero a: fiaca/pereza/paja, vergüenza, pensamientos difíciles acerca de nosotros mismos o la actividad en sí misma, ansiedad, entre otras experiencias. Quiero empezar a hacer X pero me da fiaca averiguar, pero me da vergüenza de equivocarme y que las otras personas lo vean, pero creo que no vale la pena si igual probablemente la voy a cagar, pero qué paja levantarme del sillón.

Al no poder lidiar con esas experiencias terminamos procrastinando y allí comienza el malestar sostenido: el famoso “debería estar haciendo…”, “yo nunca sostengo nada”, o incluso en algunos casos problemas de salud que se mantienen durante muchísimo tiempo por no arrancar/sostener actividades que nos podrían hacer bien.

El malestar sostenido lo conocemos, y lo conocemos bien. La sensación es similar a estar con un dolorcito de muelas durante meses y meses: no nos genera quizás un pico de displacer grande pero, además de que capta nuestra atención todos los días, tenemos el malestar de saber que deberíamos ir al dentista. Y sí, el tratamiento en el dentista va a doler más, pero cuando baje ese pico vamos a poder seguir enfocándonos en las cosas que queremos.

¿Qué podría ayudarnos? En primer lugar, anticiparnos. Ya el hecho de saber que lo que nos puede estar dificultando el camino es no poder atravesar ese primer momento de malestar, puede ayudarnos a lidiar un poco mejor con eso. Conocé tu malestar, observalo, hacele más preguntas que a tu cita de Tinder, conocé cómo suena, cómo se ve, qué cosas dice, qué cosas tendés a hacer cuando está presente. No es lo mismo que aparezca un malestar inesperado, que un malestar que ya sabés que va a venir a visitarte, que ya sabés cómo actúa.

Este último nos permite generar la distancia para que entre a escena la pregunta estrella: ¿por qué vale la pena atravesar este malestar? Y que junto a esa pregunta pueda entrar también un poquito de curiosidad: ¿qué habrá detrás de este pico de malestar? ¿Cómo se vería mi vida si pudiera atravesarlo?

Hace poco un amigo me contó que en un viaje caminó horas y horas por un camino difícil y displacentero (y que él no esperaba que fuera así), pero que todo valió la pena cuando llegó a ver la laguna que estaba detrás de la montaña que había tenido que subir. Lo escuché hablar fascinado del paisaje y solo pude pensar en que quizás en su lugar yo me hubiera vuelto antes, y me hubiera perdido del paisaje precioso del que me estaba contando. Si hoy tuviera que ir a ese lugar, probablemente me sería más fácil hacerle lugar a todo lo difícil que pueda traer la experiencia, por el simple hecho de saber que realmente vale la pena.

No hay manera de ver la laguna sin atravesar la montaña. La buena noticia es que podemos meter al malestar en nuestra mochila y decirle: subite, nos vamos a ver el paisaje.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *