
Quiero ser muy muy clara con lo siguiente: si hoy Gloria Estefan me dice «oye, mi cuerpo pide salsa», mi voluntad le contesta «sí, fideos con salsa y una siestita, ya que estamos».
Qué grave error cometemos a veces al esperar tener voluntad o a tener ganas para hacer ciertas cosas. Hay una realidad: si cambiar hábitos fuera fácil, no existiría este blog. ¿A qué voy con esto? Muchas de las actividades que queremos hacer, que queremos que estén en nuestra vida, no son de lo más placenteras. Requieren esfuerzo, involucran obstáculos, y para colmo no vemos los resultados inmediatamente. ¡Por supuesto que no vamos a tener voluntad para hacer esas cosas siempre! Eso es algo que tenemos que saber, porque si lo que estamos esperando es sentirnos preparades para hacer algo, probablemente no suceda (o suceda poquitas veces).
Empezar de a poquito a entrenarnos en hacer las actividades que queremos hacer sin voluntad nos va a ayudar un montón. Podemos empezar con cosas chiquititas! Por ejemplo, ¿les ha pasado de estar en el sillón muy tiradas, sentir sed y no ir a buscar un vaso de agua? Bueno, esos son los pequeños momentos en los que podemos empezar a hacer algo distinto frente a lo que nos dice nuestra mente («no me levanto ni en pedo»). Empezar con pequeñas acciones que no supongan un esfuerzo muy grande, para así ir pasando de a poco a actividades más complejas. Lo que vamos a buscar, a fin de cuentas, es no tener que entrar en un diálogo interno acerca si hacemos la actividad o no, sino intentar simplemente hacerla.
Recordá que hay más probabilidad de hacer ciertas cosas cuando es relativamente fácil hacerlas y cuando recordamos por qué es importante hacerlas. Recordá POR QUÉ, y diseñá un CÓMO que sea fácil de llevar a cabo.
Hasta la próxima!


