¿Autocastigo o autocompasión? Algunas ideas sobre la motivación.

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No, siento que por algún motivo debería reformular: ¿por qué darnos con un látigo cuando podemos tratarnos con cariño? Ahora sí.

Me ha pasado más de una vez que ante la pregunta “¿qué creés que pasaría si sos más amable con vos?” haya aparecido una respuesta similar a “si me trato bien voy a soltar todo y esto se va a descontrolar”. Como si estuviera la creencia de que castigarnos fuera a aumentar nuestra motivación de alguna manera. Sin embargo, cada vez más estudios dicen que la autocompasión está asociada a mayores niveles de motivación, menor miedo al fracaso y a una variedad de comportamientos saludables.

Les invito a pensar en el siguiente ejemplo (provisto por K. Neff (1), destrozado y deformado por D. Clein): una nena de 8 años está aprendiendo a dividir (también podría aplicar a una no-nena de 31 años). Está practicando algunos ejercicios y cuando termina se los da a los padres para que los corrijan.
Escenario 1: “Los ejercicios están todos mal. Sos una estúpida, ¿cómo no aprendiste a dividir todavía? Ahora los hacés todos de nuevo, y la próxima vez que los vea quiero que estén bien o ya vas a ver”.
Escenario 2: Qué bueno que hiciste todos los ejercicios. Encontré algunos errores, ¿te parece que nos sentemos a ver dónde te equivocaste y veamos si encontramos la manera de que salgan mejor? Dividir es difícil, pero con práctica sale.
Probablemente ambos escenarios hagan que la nena corrija lo que estuvo haciendo. Pero van a suceder cosas distintas: en el escenario 1 la motivación va a estar guiada por hacer los ejercicios bien para que no le griten ni la castiguen después. En el escenario 2, la motivación va a venir acompañada de aprendizaje y de resolución de problemas en un contexto en el cual siente apoyo.
Ahora, ¿qué creen que va a pasar a largo plazo con la nena del escenario 1 cuando esté sistemáticamente expuesta a comentarios como “sos una estúpida”? Porque ya sabemos que algo que traemos los humanos con nosotros es la capacidad de fusionarnos con ciertas etiquetas respecto a cómo somos, y actuar de acuerdo a eso. Si soy una estúpida, ¿para qué voy a seguir intentando ciertas cosas? Si total no sirvo para esto… (¿les suena?) 

Entonces, aquí viene la pregunta: cuando querés desarrollar ciertos hábitos, o cuando estás intentando dejar hábitos que no te hacen bien… ¿cómo suena tu mente? ¿Como el escenario 1 o como el escenario 2?
Si tu respuesta es el escenario 1, ¿hace cuánto suena de esa manera? ¿Funciona? ¿Te sirvió como motivador? Y no quiero decir como motivador en el momento, mientras intentás escapar de pensamientos como “soy un/a inútil”, sino me refiero a motivador a largo plazo. ¿Te sirvió para adquirir nuevos aprendizajes? ¿Para saber cuáles son tus obstáculos? ¿Para saber en qué te equivocaste? ¿Para saber cómo seguir a partir de ahí?

Te invito a notar en qué escenario estás. Es válido transitar los dos. Es válido que tu respuesta automática sea tratarte como en el escenario 1, y es valioso que lo notes y decidas adoptar una postura de escenario 2.

Hasta la próxima!

 

Referencias:
(1) Neff, K. D. & Germer, C. (2017). Self-Compassion and Psychological Wellbeing. In J. Doty (Ed.) Oxford Handbook of Compassion Science, Chap. 27. Oxford University Press.

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