El rol de los marcadores temporales en nuestra motivación

¿Alguna vez decidiste empezar un nuevo hábito un lunes? ¿En año nuevo sentís un impulso a cambiar tus rutinas? ¿Te escuchaste decir “ahora que cumplo 30 empieza una una nueva versión de mí misma/o mejorada, un 2.0., me convertiré en un transformer de los hábitos, un máster en el dominio de mi conducta, un jedi del control de mi vida”? Bueno, mi querido transformer, hablemos un poco de esto.

En vez de percibir el tiempo como un continuo, los humanos tendemos a pensar nuestra vida en “episodios”. Los marcadores temporales son eventos que se destacan, y estructuran nuestra percepción y uso del tiempo. ¿Qué tipo de eventos? Puntos de transición del calendario social (comienzo de semana, mes, año, semestre), eventos importantes de la vida (cumpleaños, mudanzas, casamientos), o eventos públicos significativos (elecciones, alguna festividad colectiva), entre otros.

Una nueva esperanza
Experimentar un marcador temporal (o anticiparlo) puede producir un efecto “fresh start”, que podríamos mal traducir como “un nuevo comienzo”. Este nuevo comienzo hace que sintamos más motivación para perseguir nuestros objetivos, comparado a días ordinarios. Es decir, probablemente tengamos más motivación para el cambio un 1 de enero, que un 17 de mayo.
De hecho, un estudio encontró que las búsquedas en Google del término “dieta” son más frecuentes al inicio de la semana, al inicio del mes y al inicio del año, y van disminuyendo a medida que nos alejamos de esas fechas.

Los marcadores temporales, es decir, ciertos hitos en nuestra vida, interrumpen de alguna manera u otra nuestro día a día y nos llevan a tener una visión general de nuestras vidas, por lo que tiene sentido que en esas fechas reflexionemos un poco más acerca de los cambios que queremos hacer. Además, algunos de esos hitos están asociados con cambios en los estímulos de nuestro ambiente, lo cual puede ayudar a construir nuevos hábitos.

De todas formas, no podemos perder de vista que si venís construyendo ciertos hábitos con los que te sentís a gusto, los eventos significativos pueden hacer que los mismos se diluyan por el cambio de contexto. Por ejemplo, si ibas a correr regularmente al parque y te mudaste (evento significativo) a un lugar sin un parque cerca, hay riesgos de que la rutina pierda fuerza. Esta mala noticia me da el pie para la siguiente sección.

El lado oscuro de la fuerza
“El lunes empiezo la dieta” es una frase que debo haber dicho unas 87 veces a lo largo de mi adolescencia/juventud (es la primera vez que me dejo afuera del término ‘juventud’, dolió). ¿Qué pasa con esa frase? Si bien aumenta la motivación para el lunes, reduce la motivación del presente. Eso se traduce en comer absolutamente todo lo que pueda comer antes del lunes para aprovechar, y significa además que el lunes voy a tener que lidiar con todo lo que hice hasta ese entonces (en mi caso, dolor de panza).

Otro problema que puede surgir, es que tener motivación no equivale a tener un plan. Yo puedo estar muy motivada, pero si no sé cómo llevar a cabo aquello que quiero de una manera sostenible en el tiempo, probablemente la motivación decrezca rápido. Siguiendo con el ejemplo de la joven Dana, llegaba el lunes y en mi casa la relación cantidad de azúcar por metro cuadrado era alta. Y ya sabemos, si el ambiente no acompaña, es realmente difícil tener autocontrol (y no, no nos vamos a culpar por no tener voluntad, vamos a decir gentilmente “no preparé el ambiente de manera que pueda llevar adelante mi hábito”). 

Y no está de más decir que el “arranco el lunes” puede darnos la pauta de que lo que nos estamos imaginando que vamos a hacer ese día es lo suficientemente aversivo como para no empezar a hacerlo ahora. Ahí yo pensaría si no tengo que ir más chiquito, es decir, empezar por actividades que pueda sostener hasta en mí peor día.

El hábito contraataca
A lo largo de nuestra vida hay muchísimos marcadores temporales, y cada uno de ellos es una oportunidad para motivarnos a hacer un cambio. Percibir el tiempo de esta manera interrumpe el flujo cotidiano del día a día, y es una linda oportunidad para preguntarnos cómo nos sentimos con la vida que venimos llevando. Pero, si bien es lindo tener un boost natural motivador (¿qué fue esa selección de palabras?), no es una buena idea depender de eso para modificar ciertas conductas. ¿Qué hacemos entonces?

Si bien no podemos modificar la manera en la que estructuramos el tiempo, podemos anticiparnos a que puede aparecer un pensamiento similar a “el lunes empiezo a…”, y notar si eso que nos estamos proponiendo se siente muy grande para empezar a hacerlo hoy. Y si ese es el caso, podemos preguntarnos, ¿qué es lo más chiquito que puedo hacer ahora? ¿Qué es lo que podría hacer en mi peor día? Y arrancar desde ahí.

Porque en definitiva, los hábitos que queremos construir los hacemos (o sería deseable que así sea) por nosotros, por nuestro bienestar, porque a través de ellos vamos a poder vivir una vida que se sienta significativa. Y para eso no hace falta esperar al lunes, a enero, a tu cumpleaños, al cumpleaños de tu tío Roberto, al verano, a año nuevo. Hace falta recordar por qué lo queremos hacer, y esa motivación puede ser más poderosa que cualquier marcador temporal que se diluye con el tiempo.

Hasta la próxima!

 

Referencias: 

Dai, H., & Li, C. (2019). How experiencing and anticipating temporal landmarks influence motivation. Current Opinion in Psychology, 26, 44–48.

Dai, H., Milkman, K. L., & Riis, J. (2014). The Fresh Start Effect: Temporal Landmarks Motivate Aspirational Behavior. Management Science, 60(10), 2563–2582.

Peetz, J., & Wilson, A. E. (2013). The post-birthday world: Consequences of temporal landmarks for temporal self-appraisal and motivation. Journal of Personality and Social Psychology, 104(2), 249–266.

1 comentario en “El rol de los marcadores temporales en nuestra motivación”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *